jueves, 17 de mayo de 2018

12 horas Trackman


Parece mentira lo rápido que pasan los días. Te inscribes a una prueba con meses de antelación y cuando te das cuenta, la tienes ahí. Eso es lo que me pasó con las 12 horas Trackman; una prueba de resistencia que inauguraba la Copa de España de carretera de Ultrafondo 2018.
Lugar: el Andalucía Circuit (Tabernas). Hora: 8:30. Fecha: 12 de mayo.

Para aquellos fanáticos de los números y los datos, comentar que este circuito fue diseñado por Tito Rabat, inaugurado en 2016 y está pegado al Circuito de Almería. En principio tiene una cuerda de 4300 m, aunque en las 12 horas Trackman, se utilizaron algunas variantes que la acortaban a unos 3600 m, a realizar en sentido horario (así nuestros cuellos no sufrirían demasiado).
El desnivel por vuelta es de 30 m, pero no es que sea un circuito plano. Al revés, sólo hay subidas y bajadas... mejor una imagen que mil palabras.



Sólo tres subidas destacables (tras la primera curva, la quinta y el falso llano en la recta principal), porque el resto se dejaban hacer bastante bien con la inercia de la bajada que la precedía.
Lo que sí que se hizo de notar fue el viento. Desde primera hora ya estaba allí. De poniente; constante... Casualidad o no, soplaba de cara en las partes más complicadas y encima los lugareños metiendo un poco de miedo, porque decían que por la tarde aumentaría y mucho su intensidad.


Por suerte la niebla levantó pronto y dejó a la vista parte del trazado y unas preciosas vistas de los alrededores. Teníamos tiempo por delante para disfrutarlas, así que a colocarlo todo en el box, prepararse y todo el mundo a llevar la bici para la salida estilo Le Mans, tanto quienes disputaban la prueba de 6 horas como los de 12 horas.
Podéis imaginar esa salida. Mientras unos intentaban colocar las calas en el sitio, otros ya estaban por la primera curva, unos cuantos esquivaban a la vez que esprintaban para no perder el grupo de cabeza...


Y seguro que también os hacéis una idea de cómo iba la gente en esas vueltas iniciales o mejor dicho horas. Enseguida se formó algo parecido a un cometa. Me explico: un pelotón de dorsales negros y naranjas que haría de núcleo, seguido de una cada vez más larga cola de 'particulas' que se iban desprendiendo conforme se movía el núcleo.
Yo aguanté las 4 primeras horas (en un grupo secundario) antes de meterme al box a descansar y a la salida, fue cuando realmente me di cuenta de dónde me había metido. Me tuve que poner a un ritmo que mis cuádriceps no me echaran en cara, porque quedaba tres veces lo hecho hasta ahora.


Entre tanto, se acabó la prueba de 6 horas y el circuito se quedó vacío. Salvo el grupo de cabeza, el resto rodaba solo o en parejas... y encima ahora que el viento arreciaba (eran sobre las 3 de la tarde). Incapaz de poder seguir el ritmo de nadie, insistí con el mío hasta el momento de hacer una nueva entrada (obligada) al box por dolor en los dedos de los pies.


En la reincorporación, después de tantas vueltas que has dado al circuito y a tu cabeza, te vas fijando en cómo van los demás... y te percatas de que, parece, que todo se ha ralentizado, que se va más despacio, que en las bajadas no eres el único que te dejas caer y no das pedales, te levantas y estiras las piernas, la gente va en paralelo hablando...


Esta fue una parte llevadera, donde la sensación era de rodar por inercia, como que las piernas se movían solas por su cuenta. Y así, a falta de 90 minutos para acabar, hice la última entrada al box.
Es curioso, pero al volver a pista me encontré mejor que en las 6 horas anteriores... podía pedalear más rápido e incluso alcanzaba gente, cosa que muy rara vez había pasado antes. Sería el efecto de saber que ya estábamos acabando, aunque hasta que no vi el 12:00:00 en el contador de meta y agitaron la bandera a cuadros al pasar bajo el arco, no me convencí de que realmente se había acabado.


Toda una experiencia 100% recomendable, tanto si quieres vivirla sin más meta que acabarla, como exprimirte al máximo para saber hasta dónde puedes llegar. eso sí... no lo dejes para los últimos dos meses.

Y no puedo terminar la crónica sin agradecer, como siempre, a nuestros patrocinadores: DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankersdigitis y Talleres Gonzalo, por todo el apoyo que nos dan.

Hasta la próxima.


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Crónica de Paco Pérez.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Titaguas y sus revueltas


21. Casi dos docenas de horquillas son las que le confieren el renombre y la dureza a la mítica Alpe d'Huez. Curiosamente son las mismas que hay que superar para llegar desde la orilla del Turia al puntal de la Juncanilla, en la Marcha BTT de Titaguas (Circuito Serranía BTT). Menos glamour, sí, pero duro de narices. Luego llegaremos a eso.
Unas horas antes Nico, Rado, Arturo, Joseph, Ibán, Carlos y un servidor, nos despedimos de la cama para conducir hasta Titaguas donde se corría, por séptima vez, su marcha (tercera prueba del calendario CSBTT 2018).
¿Solos? No, que va, allí vino también el equipo de apoyo/animación (¡mil gracias!) y nuestra mascota oficiosa (Masai).
Nos unimos a las otras 211 almas que pedalearían y a dejarse caer cuando dieron la salida


Un poquito de pimienta en esos primeros metros por calles estrechas, por si no fuera suficiente que íbamos de bajada. Normalmente las salidas son rápidas pero, en este caso, es que fue una verdadera locura. Velocidad. No se puede definir con otra palabra.
Rodeamos en un pis pas la Ceja de los Morales y por el camino de la Cañada Larga  enlazamos con el camino de Morales, ya en subida hacia el corral del Cañarizo. Cuesta más escribirlo que hacerlo... pero ya llevábamos 7 km de marcha en un abrir y cerrar de ojos.


Los siguientes 2,7 km (5,1% de media), ya fueron algo menos alegres, como era de suponer, sobretodo después del corral, que aquello se ponía 'interesante' con varias rampas que superaban el 10% de media, alcanzando el alto de la Balsa, pero la organización nos concedió que pudiéramos tomar aire rápidamente en una bajada, que siempre se hace corta, antes de encarar los últimos 800 m (6% de media) de la cuesta.

El camino viejo de la Tosquilla nos aguardaba. Cerrado, umbrío... casi 3 km de senda descendente (dividida entre la de la Colmena y la Yegua). Una bajada que conforme ibas restando metros, aumentaba en dificultad, sobretodo en las horquillas cerradas del final, ya en la zona de la fuente de Los Baños antes de llegar al nivel del Turia.
Fresco tramo de enlace ideal para relajar un poco los brazos (que también sufren), antes de cruzar el barranco de la Umbría Negra... buen nombre, porque a más de uno se le iba a hacer de noche.


La cuesta se hacía evidente al entrar por el camino de la Casa del Morenillo (venga, más oscuridad todavía) y las cinco primeras curvas de 180º hacían acto de presencia. Un buen repechón, piensas (350 m al 11,5% de media). Pero pocos metros después, entre los árboles, una imagen que se me ha quedado grabada.
Ver una larga fila de ciclistas, pedaleando en direcciones opuestas prácticamente uno encima de otro... increíble. Entonces las amigas de las 5 horquillas anteriores, se mostraban: 16, para ser exactos, teniendo que salvar un desnivel de 60 metros en algo más de 330 metros de camino. Si hacemos la cuenta de la vieja, eso sale una pendiente media del 18%. Demencial.



Salimos del hoyo, literalmente, pero a la escalada le quedaba un trecho largo todavía; con más curvas de herradura, pero esta vez por pista ancha y sin tanta protección del Sol que ya asomaba. Primero 3 km al 7% de media tras pasar por el primer avituallamiento líquido, rodeando el puntal de los Cuernos, luego una bajada para llegar al barranco de los Aguileros y volver a tensar la cadena durante otros 3,5 km aunque, realmente, casi el primer kilómetro (9,5% de media) era el que se te podía atragantar algo. Luego 'suavizaba'.



Suavizaba tanto que se convertía en bajada por el camino del Alto del Manzano y esta seguía, por senda, hasta el cruzar el barranco del Raga por un puente asfaltado. Ese sería el punto donde daba comienzo la ascensión (3,5 km al 6.4% de media) al techo de la jornada: el cerro de Hontanar del Herrero (1109 m).
En general no parece una ascensión complicada, pero si sabes que hay tres zonas donde el desnivel medio el del 9,5% y que hay una última parte donde parece que alguien te está cogiendo del sillín (300 m al 14% de media), la cosa cambia y algún chepazo que otro, hasta estaba bien visto.



La visión del segundo avituallamiento líquido (camino del Corral del Herrero) te reconfortaba y entonces, piensas, que el descanso para tus piernas ha llegado. Piensa. Pues mejor piensa que quedaba por subir otro trecho durillo y entonces sí: relax.
¿Relax? ¿Para qué bajar por lo fácil si el cuerpo pide otra cosa? Pues eso digo yo...
Pasadas las últimas paredes que quedan en pie del Corral del Herrero, regresábamos a los senderos, apuntando hacia la cabecera del barranco del Raga.



Estando en la cabecera tuvimos que seguir su curso a la sombra del cerro de Las Moratillas, desviándonos a la izquierda y levantando polvo cerca de la fuente de la Hoya del Hacha. Nada complicada esta bajada. Algún escalón por aquí, algunas rocas por allá, pero ante la ausencia de revueltas, buena para darle permiso a la bici para que corriese.


Te podías permitir el lujo de mirar la distancia recorrida: ya estábamos en el kilómetro 33 de los 39 totales. A meta tan solo 6 km, pero (siempre hay un pero), el acumulado no cuadraba. Todavía quedaba en el 'Debe' unos 100 metros, así que alguna sorpresita estaba aguardando. Vaya que sí.


Primero, estábamos a punto de entrar en una zona de sube-bajas y segundo, que esos 'subes' iban a ser por trazado técnico, cosa que no habíamos hecho desde las famosas horquillas del principio. Ahora sería por raíces, rocas, algún saliente, sorteando troncos...
Por partes.
Para empezar algo más de medio kilómetro con cinco escalones que te hacían subir a la Cañada Barriga. Cinco peldaños de entre 50-90 metros con pendientes medias entre el 9,7 y el 13%. A estas alturas, con la aguja peligrosamente cerca de la E del depósito, había que medir bien.


Lo bajado a continuación por lo subido antes. La misma distancia, siguiendo las marcas blanquiamarillas de PR, muy muy cerca del borde... que hasta se escuchaba la música que provenía de la zona de meta y es que, si mirabas a la derecha, hacia abajo, Titaguas estaba ahí ya.
Una nueva costanilla que terminaba en el mirador de la Loma, esta vez sí, te hacía pensar que quedaba sólo bajar. Nada, que ahora tampoco. Daban ganas de sentarse en los bancos del mirador al ver que los de delante, no es que seguían subiendo, sino que el trazado nos alejaba de las casas del pueblo. ¿Qué más da otros tres rampones de 100 metros al 10% con lo que llevamos ya? Exacto. Hay que hacerlos sí o sí. De modo que ¡ale! Sin pensar y a sortear piedra suelta, algún resalto, arbustos... para ver la luz al final del túnel.


Los últimos 3000 metros ya eran de bajada. En un inicio por trocha entre romeros; pedregosa, estrecha que se terminaba metiendo entre pinos y, antes de salir al camino arcilloso que hace linde con el pueblo, foto. Y, por descontado, no podían faltar un par de revueltas polvorientas, empinadas y complicadas de trazar, ¡estaría feo!
Giro a la izquierda por la fuente de la Zarza dirección la Cantarería y entrada triunfal al pueblo. Triunfal por ese curioso detalle de hacernos pasar bajo un improvisado arco del triunfo en forma de dintel de puerta previo callejeo y, luego, atravesar el inflable de meta.


Con respecto a la clasificación de la marcha, así quedamos:


Y no puedo terminar la crónica sin agradecer, como siempre, a nuestros patrocinadores: DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankersdigitis y Talleres Gonzalo, por todo el apoyo que nos dan.

Hasta la próxima.


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Si quieres descargar el track de la marcha, este es el enlace.





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Crónica de Paco Pérez.

lunes, 7 de mayo de 2018

La Yesa: frío y granizo.


En la Yesa, segunda prueba del Circuito Serranía BTT, nos hemos llevado el ultimo coletazo del invierno. Nos recibía a 5 grados de temperatura y granizo en la parte final de la prueba, toda una odisea para estar casi en el mes de mayo, aunque ya lo dice el refranero español: Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo.
 Acudimos a la prueba once aguerridos corredores de DOYOUBIKE entre gente del Team y del Club : Rado, Nico, Pablo, Iván, Arturo, Luis, Ángel, José Manuel, Anquela, Martín y Gerard.


La Yesa repetía el recorrido del año pasado, muy rápido y disfrutón, no sin subidas largas y exigentes; arrancando desde el inicio en subida por pista (camino de Palacio), en paralelo al barranco de Vallunquer, durante 9,5 kilómetros para llegar a los 1511 m de altitud, sobretodo la segunda mitad (7% media).



El camino del Viso nos esperaba un poquito antes de coronar el alto de Sancho, senda larga y espectacular, despejada, curvas abiertas enlazadas de izquierda a derecha, con olor de tomillo, sin niebla para disfrutar de las vistas de la sierra de Javalambre. Brutal.



Seguidamente entrábamos en camino bueno para rodar con velocidad sin problemas. Más tarde pasaría a ser single track, sólo complicado en un tramo de 50 metros, por suerte este año el terreno y por lo tanto, las piedras, estaban más secas que el año pasado y este tramo técnico se pasaba con más tranquilidad que en la edición anterior.


Sin darnos cuenta pasamos el límite de la provincia de Valencia y rodamos por la de Teruel mientras seguíamos hacia Abejuela. Allí una rampa de hormigón para subir a la localidad paraba drásticamente el ritmo.


Salimos del pueblo, un poco más de bajada y a continuación nos arreamos dos rampones casi seguidos de 200 m cada uno al 12% de media, que te hacen recordar lo que ya llevas remando.
Una senda nos mete de nuevo en la provincia de Valencia y nos deja en el cauce del barranco de Juan Blanquilla, para que empecemos a remontarlo, 800 metros al 8% de media que van mermando las fuerzas para encarar los últimos 200 m finales al 13%.



El camino de la Abejuela sirvió para dejarse caer hacia la Yesa para iniciar el segundo bucle, un poco mas corto, 16 km pero con su exigencia.
Por la rambla de Ahillas giramos para no entrar en el pueblo. Un falso llano de unos 1,5 km por el camino del Hoyo de la Cederilla. Desvío a la derecha por una senda que estaba marcada con un premonitorio cartel que rezaba: El Tío del Mazo, peaje necesario para llegar al Collado de Aranda.

 

Superado al maldito tío del mazo (unos andando y otros pedaleando), ahora sí, una larga bajada. Senda que se unió al camino del Obrero, perdiendo pendiente a medida que volvíamos a estar, literalmente, en el cauce de la rambla de Ahillas.
Y como siempre el paso final por la rambla, el año pasado una orgía de arena, agua y barro que, con el estado de este año, casi parecía asfalto. Por fin meta, frío, granizo, lluvia... corriendo para casa que ya charlaremos en Titaguas.


Gracias a nuestros patrocinadores: DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankersdigitis y Talleres Gonzalo, por todo el apoyo que nos dan.

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Crónica de Arturo Ortiz.

jueves, 3 de mayo de 2018

Monegros: nunca rodarás solo


Quienes han estado en alguna edición de la Orbea Monegros, saben que el título de esta entrada es totalmente cierto. con 8000 ciclistas pedaleando en dos recorridos (media maratón de 81km y maratón de 117 km), que te encuentres solo en el camino es más improbable que te toquen los Euromillones. Ya sea adelantando, siendo adelantado o en grupo, vas a ir acompañado toda la prueba.


Todo esto empieza en diciembre, que es cuando se abren las inscripciones... se abren y se cierran, porque las plazas vuelan en cuestión de minutos. La verdad es que no es una marcha que destaque por su paisaje, salvo (y esto es algo personal) la subida a la Ermita de San Miguel y las vistas desde las famosas curvas, y el tramo en bajada al segundo avituallamiento, cuando se rueda entre paredes de roca erosionada.
Tampoco destaca su dureza (salvo que haya viento)... son 800 metros de acumulado (media maratón) y 1150 (en la maratón), no hay sendas exigentes en subida o bajada, sólo dos cortos tramos con más pendiente de lo habitual (cruzado el río Alcanadre por segunda vez y el barranco de la Valleta de la Susa).. se rueda siempre por pista o camino más o menos ancho.
¿Qué hace especial a Monegros entonces?


Sin duda, el ambiente. Que haya como 16000 ruedas moviéndose a la vez, ver a tanta gente con ganas de salir a rodar después de haberlo planeado el diciembre pasado, esa marea de gente en los avituallamientos, que en el camino siempre tengas alguien al lado con quien hablar... sí, hablar, porque es una maratón en la que más de la gente que te puedas imaginar no va a por el tiempo, sino a disfrutar, con mayúsculas, de la jornada. En mi opinión, eso es lo que hace destacar a Monegros.

Por segunda vez fui a hacer la prueba de la media maratón, con amigos que también salen de cuando en cuando y, sobretodo, acompañando a Bea, porque se lo había marcado como reto.
Carlos Dotor también estaba por allí, haciendo la maratón con la gente del Club BTT Vinalesa... cuando mandó las fotos del cajón, no hacía ni media hora que habíamos conseguido aparcar, así que no pudimos cruzar palabra.


La prueba en sí no tiene demasiado misterio. Hay que tener cuidado sobretodo al principio, porque no esperes que el pelotón se estire... siempre hay pelotón y, por desgracia, hay gente que tiene que pasar sí o sí, aunque luego llegue un repechito y se quede o incluso se baje de la bici para luego ir zigzaguenado entre todo el mundo para recuperar posición, pero lo más peligroso son los charchos. Ojo porque cuando los hay son un elemento que hay que evitar a toda costa... en el km 20 se hizo tapón por uno (real). No sea que mojar un poco la bici le quite el precioso enharinado que se consigue al rodar por los polvorientos caminos.

Otro detalle es que con la gente que hay parada en los avituallamientos, se podría hacer una marcha. Hay opciones para reponer o incluso tapear (el segundo tenía queso, chorizo...), baños portátiles, servicio técnico, música... vamos, que como te vaya un poco el santo al cielo, te tiras media hora perfectamente.


En definitiva y resumiendo, una prueba que hay que hacerla para vivir ese ambiente, pasando una buena jornada distendida de bicicleta con compañer@s habituales de batalla lejos de los recorridos habituales. Al menos una vez, merece la pena... el repetir, ya dependerá de cada cual.


Y, claro, acabaré dando las gracias a nuestros patrocinadores: DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankersdigitis y Talleres Gonzalo, por todo el apoyo que nos dan.

Hasta la próxima.


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Si quieres descargar el track de la media maratón, este es el enlace:




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Crónica de Paco Pérez.

jueves, 26 de abril de 2018

Las carreteras de Espadán


No todo van a ser ruedas gordas y ayudas con las suspensiones. Este fin de semana pasado, cambiamos de tercio y decidimos hacer una salida con las bicicletas de carretera... aunque para darle un poquito de pimienta al asunto, decidimos trasladarnos hasta la localidad de Soneja, en el Alto Palancia, a las faldas de la Sierra Espadán, exacto... esas montañas que quedan detrás de la concurrida Calderona.
Punto de encuentro: estación del tren del pueblo. Hora: 9 en punto. Gerard, Walter, Luis, Paco y Salobre llegaron en coche, Nico y Joseph subieron Chirivilla, que les quedaba de paso y yo acudí (tarde) pedaleando por la N-234.
Con la grupeta al completo... al lío.


Inicialmente la ruta la íbamos a hacer en sentido antihorario, pero Nico recomendó cambiarlo, de forma que nada más cruzar el cauce del Palancia, nos desviamos a la izquierda por la CV-218, en paralelo a la rambla de Almedíjar. Primeros kilómetros para acomodarse a la bicicleta, hacer algún ajuste de última hora e ir ganando altura casi sin darnos cuenta, hasta adentrarnos en pleno Parque Natural de la Sierra Espadán, pasado el monte de Carcajes.


Enlazamos con la CV-200, hacia Almedíjar, viendo como la carretera se hacía más ratonera cada vez y las montañas de enfrente nuestro se agrandaban por momentos... la primera 'piedra' en el camino, nos la íbamos a encontrar antes de lo que pensábamos (llevábamos 8 km). De modo que en el desvío que lleva a la fuente del Cañar, parada técnica, acondicionamiento en cuanto a capas de ropa y a subir.


Nada más que 6,5 km al 6% de media por buen asfalto... al principio, porque ya nos advirtió Nico que, en un momento dado, el firme se tornaba malo o, por lo menos, incómodo para ir con la de carretera. Más duro, terreno muy rugoso, con algo de gravilla... y lo peor es que no ofrecía ningún tipo de descanso. Constante. Machacón.
Pero las vistas eran de escándalo, tanto por la umbría del Estrecho, la peña del Moro o la umbría del Tuto.
Cima, descanso, fotos y a colocarse la ropa que antes sobraba... ¡¡tocaba descenso!!


Al principio nada de confiarse con las espectaculares vistas porque la carretera seguía siendo algo traicionera, pero era imposible tocar más el freno en la zona intermedia, donde el trazado se apretaba y retorcía debido a cuatro horquillas consecutivas. Alguna foto de rigor y a buscar el asfalto liso que enlazaría con la CV-223, muy cerquita de Aín.


Rodear el pueblo fue un visto y no visto gracias al buen firme y que picaba hacia abajo, así que no es de extrañar que tomásemos velocidad y esa parte se nos hiciese corta... al menos hasta que llegamos al túnel. Y eso que estábamos avisados, pero lo de quedarse 'ciego', confiando únicamente en la luz que llevaba el de delante mientras tomábamos la curva... menudo momento jajajajaja. Lo más comentado del día.


9 kilómetros que pasaron volando, igual que el bar La Paquita (Eslida), donde almorzamos cuando hacemos la senda Perfumes. Bueno, paramos, pero en la fuente para recargar los bidones, tomar la CV-279 hacia el barranco de Ajuez y afrontar el segundo puerto de la jornada: el collado de Eslida (5 km al 6,5% de media), que empezaba antes de rodear el castillo de Eslida.


En comparación con el anterior, más fácil de subir por el tipo de asfalto. Vistas quizás no tan llamativas, pero al llegar a la Malladeta, justo en la revuelta de la Herradura (quizás el tramo más duro), los alcornoques se hacen más evidentes y el paisaje cambia por completo... no hay muchos sitios en la provincia donde poder rodar a su sombra.
El caso es que hicimos techo de nuevo, nos volvimos a reagrupar, tomamos unas fotos... igual que en el anterior puerto, vamos.


Allí ya empezamos a hablar de la posible parada del almuerzo, antes de dejarnos caer. Rapidísima bajada, por cierto, con alguna que otroa curva traicionera por la zona del collado de los Muertos (¿advertencia?) que presentaba varias horquillas, pero esta vez con mejor asfalto. Desde luego que salvo en esos momentos puntuales, la invitación a dejar rodar la bicicleta era como para dejarla pasar.
¿Resultado? Que llegamos a Chóvar enseguida; tras un primer intento fallido, encontramos bar, 'atamos' las bicis (hay que ver lo que se puede hacer con cascos y manguitos) y a la mesa.


El almuerzo nos debió sentar bien, porque salimos de allí como almas que lleva el diablo hacia Azuébar. Superamos una pequeña dificultad intermedia... pero los 12 km que nos separaban de Soneja pasaron (en tiempo) muy rápido... si hablamos de esfuerzo, la percepción seguro que fue diferente.
Ya en el pueblo, nos despedimos y, como decía aquel: 'cada mochuelo a su olivo'. Unos con el coche para Valencia y otros, vía Oronet, al mismo destino.
Una buena jornada, quizás con no demasiados kilómetros, pero muy bien aprovechada.

Y antes de acabar, por supuesto agradecer, como siempre, a nuestros patrocinadores: DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankersdigitis y Talleres Gonzalo, todo el apoyo que nos dan.

Hasta la próxima.


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Si quieres descargar el track de la salida, este es el enlace:




Si quieres ver las fotos de la salida, las tienes en la galería.

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Crónica de Paco Pérez.